Vacaciones y silencio

por | Jul 24, 2023 | Noticias, Sembrando

Hugo Ávila Gómez

 En el mundo que vivimos se ha descuidado el cultivo de la belleza y el cultivo de la vida interior. Octavio Paz lo dijo de mejor manera: hay un olvido de la poesía y de la mística, y el ser humano se ha vuelto un desterrado del fluir cósmico y de sí mismo.

La vida humana se desarrolla en medio de la prisa, del afán de dar resultados, de ser productivos, de competir con las demás personas y de guardar las apariencias. Nos quejamos con frecuencia de que el tiempo pasa muy rápido, será porque la existencia se consume en medio del vértigo, de la frivolidad, del trabajo apremiante y mecánico, de la poca atención al cultivo de sí mismo, de la dispersión de nuestra mente. Da la impresión de que la vida gira en medio de un caos y de un torbellino de acontecimientos que nos sobrepasan.

Demasiado concentrados en acciones externas, el tiempo se vive como un remolino que nos envuelve y nos arrastra hacia donde no queremos ir, hacia donde no está nuestro corazón y hacia donde las relaciones con los demás son frías, marcadas por el signo de la indiferencia y el desdén por la suerte del prójimo.

La sociedad dominante nos quiere convencer de que sólo vale la pena ocuparse de los propios intereses, del pequeño mundo familiar y de los placeres efímeros que nos ofrecen los momentos de descanso y recreación.

A menudo, esta realidad nos desconcierta, nos llena de incertidumbre y va dejando un cansancio vital. La desconexión con uno mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios nos arroja a un terreno infértil de tristeza y de opacamiento de la energía vital. Nos vamos convirtiendo en personas apocadas y tibias. Nos vamos conformando con una existencia individualista, dedicada a cumplir sólo metas personales y nuestros sueños y nuestro mundo se reducen a los pequeños espacios familiares y del reducido círculo de amigos.

Las vacaciones son un tiempo magnífico para salirse del aturdimiento que produce una vida ajetreada, que va viendo cómo se diluye el sentido de la vida y la plenitud de existir. Las vacaciones son un tiempo para que el cuerpo, los sentimientos y la mente experimenten la quietud y el sosiego. El silencio es una especie de taladro que hace un hoyo en nuestra superficialidad. El silencio nos permite descansar de una existencia atareada en afanes que nos roban la plenitud de vivir.

SEMBRANDO SANTO NIÑO DE ATOCHA

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EL EVANGELIO DE HOY

EJEMPLO

En estas vacaciones podemos dedicar más tiempo a lecturas con sabor espiritual, que renueven el gusto de vivir. Las vacaciones son una ocasión para sentarnos sin prisa en largas pláticas con la gente que nos quiere y a quien queremos. En vacaciones, con plena atención a los detalles de las cosas y de las personas, podemos acercarnos a la naturaleza, a los pueblos y barrios donde todavía existe la sabiduría popular. La naturaleza y el pueblo tienen un vigor y una alegría capaces de renovar la vida espiritual. Pero sobre todo, las vacaciones son una oportunidad para poner el cuerpo y la mente en quietud. El silencio da relajación al cuerpo, permite el recogimiento de la mente y ayuda a contemplar la belleza, el bien y la verdad de la vida.

Luego de las vacaciones, si somos capaces de ser constantes en frecuentar ese silencio sanador de la prisa y de múltiples distracciones, seremos capaces de volver a tomar las riendas de nuestra vida, de volver a sentir que nuestro cuerpo y nuestro espíritu son nuestra casa, y con ese contacto renovado con la existencia interior, volveremos a experimentar la alegría de abrazar el mundo, la naturaleza, la comunión con las demás personas a través del cuidado del mundo, del diálogo, del entendimiento, del perdón, de la gratitud, del gozo de emprender proyectos que ayuden a menguar la tristeza y a disminuir la desigualdad y la injusticia.

Los seres humanos tenemos hambre de una nueva espiritualidad. No podemos seguir viviendo indefensos en medio del caos. El silencio es el horno donde se cocinan muchas de las nuevas respuestas a las dificultades por las que atraviesa el mundo de hoy. Con el cultivo del silencio, volveremos a experimentar el fluir cósmico y la vida del espíritu dentro de nosotros mismos y nos deleitaremos con la alegría que antes buscábamos afuera, pero que ahora, con el silencio y la quietud, sabremos que nace dentro de nosotros mismos.

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